A quien conoce el subsuelo de Palma, no le sorprende la diferencia entre excavar en el Paseo Marítimo y hacerlo en Son Vida. Mientras en la franja litoral nos topamos con arenas limosas y rellenos antrópicos que exigen pantallas continuas desde el primer metro, las cotas altas de la ciudad, asentadas sobre la plataforma tabular del Mioceno, presentan un macizo rocoso calcarenítico conocido localmente como 'marés', que aguanta cortes casi verticales sin mucha ayuda. Esta dualidad geológica, típica de la isla, obliga a que cualquier diseño geotécnico de excavaciones profundas parta de una campaña de reconocimiento muy afinada. No basta con extrapolar datos de un solar a otro; la karstificación, las cavidades y la presencia de un nivel freático caprichoso a apenas 3 metros en zonas como el Polígono de Levante convierten cada proyecto en un reto particular. Para complementar la caracterización previa, un ensayo CPT suele darnos la continuidad estratigráfica que los sondeos puntuales no alcanzan a definir en el relleno sedimentario de la bahía.
Excavar bajo el casco antiguo de Palma exige modelar el marés como un macizo discontinuo, no como roca intacta.
