Con más de 400.000 habitantes y un subsuelo que alterna calcarenitas del Mioceno con potentes rellenos cuaternarios y arcillas expansivas, Palma de Mallorca es una de las ciudades mediterráneas donde excavar un túnel en suelo blando exige un control geotécnico muy distinto al de la península. La presencia del nivel freático a escasa profundidad en zonas como el Pla de Sant Jordi o los limos de la bahía convierte cualquier intervención subterránea en un reto donde la estabilidad del frente y el control de asientos no admiten margen de error. Nuestro equipo técnico aborda el análisis geotécnico para túneles en suelo blando combinando ensayos de laboratorio avanzados —triaxiales consolidados no drenados, edométricos con control de succión— con campañas de campo que incluyen ensayos CPT para perfilar la resistencia al corte en continuo y sondeos con SPT donde la granulometría lo permite. Trabajamos bajo la normativa vigente en España y los estándares del Eurocódigo 7, aplicando modelos constitutivos como Hardening Soil o Cam Clay para simular la interacción sostenimiento-terreno antes de que la tuneladora entre en carga. En Palma, los blandos no siempre son obvios: detrás de una costra seca puede aparecer un limo orgánico con pésimas propiedades mecánicas. Por eso cada campaña arranca con una revisión de la cartografía geotécnica del IGME y los registros de sondeos previos en el sector, antes de definir la malla de reconocimiento.
En los limos de la bahía de Palma, una campaña de reconocimiento mal dimensionada puede subestimar la presión de poros y llevar a colapsos del frente del túnel durante la excavación.
