El desarrollo urbano de Palma, desde la expansión del ensanche ochocentista hasta los nuevos barrios costeros, ha tenido que vérselas con una geología nada simple. Bajo el asfalto y las aceras conviven margas del Mioceno, calizas arrecifales del Secundario y rellenos cuaternarios de origen aluvial. Lo que más vemos en esta zona, tras décadas de trabajo en la isla, es que las fisuras y oquedades heredadas de la karstificación condicionan totalmente el flujo subterráneo. Cuando un proyecto necesita predecir filtraciones bajo una cimentación profunda, o estimar el caudal que llegará a un sótano en el Paseo Marítimo, los ensayos de permeabilidad en campo no son opcionales: son la única forma de obtener datos representativos del macizo. En ese contexto, los métodos Lefranc y Lugeon se han convertido en herramientas cotidianas para el equipo técnico que opera en Baleares, porque permiten evaluar in situ la conductividad hidráulica sin depender exclusivamente de correlaciones con muestras de laboratorio que rara vez reflejan la fracturación real. Para obra en suelos blandos del sur de Santiago, combinamos el ensayo SPT con la estabilidad de taludes para evaluar riesgo en cortes, y el ensayo CPT cuando se requieren perfiles continuos sin alterar la muestra.
Las calizas fisuradas de Mallorca pueden arrojar valores de Lugeon que varían en dos órdenes de magnitud entre sondeos separados apenas diez metros.
