Entre el firme arcilloso de la Pla de Sant Jordi y los suelos con rellenos antrópicos de la zona portuaria de Palma, las solicitaciones sobre un pavimento de hormigón difieren radicalmente. Quien proyecta una plataforma logística en Son Castelló no se enfrenta a la misma capacidad soporte que quien rehabilita un vial en el casco antiguo junto a la Seu. El diseño de pavimento rígido en la capital balear exige, por tanto, una campaña geotécnica que discrimine con precisión el módulo de reacción de la subrasante para cada sector de la isla. La presencia de margas del Mioceno en los estratos superficiales del noroeste urbano, combinada con un nivel freático fluctuante en el Pla de Sant Jordi, puede reducir la vida útil de la losa si no se modela correctamente la interacción losa-soporte. En este contexto, el ensayo de penetración dinámica SPT proporciona la resistencia del sustrato, mientras que un estudio de límites de Atterberg permite cuantificar la susceptibilidad al cambio volumétrico de los limos arcillosos locales bajo variaciones de humedad estacional.
El gradiente térmico entre el día y la noche en una losa mallorquina puede generar tensiones de tracción equivalentes a un 30% de la carga de tráfico de diseño.
