Palma de Mallorca se asienta sobre una compleja llanura aluvial cuaternaria, donde los depósitos del torrente de Sa Riera y los rellenos antrópicos del puerto conviven con formaciones calcáreas miocenas. En los barrios cercanos a la línea de costa, como El Molinar o Can Pere Antoni, la presencia de arenas finas limosas saturadas y un nivel freático que en invierno puede estar a menos de dos metros de profundidad configura un escenario propicio para la licuefacción sísmica. Un análisis de licuefacción de suelos no es un trámite administrativo más: es la única manera de anticipar si el terreno bajo una futura cimentación perderá su capacidad portante durante un sismo. Para ello aplicamos metodologías que correlacionan la resistencia a la penetración estándar —medida con un ensayo SPT— y la granulometría del material con la demanda cíclica esperada según la peligrosidad sísmica de la isla. Nuestro equipo técnico lleva años evaluando licuefacción en solares del ensanche palmesano, donde la heterogeneidad del subsuelo obliga a una campaña de reconocimiento muy detallada.
En la franja costera de Palma, un nivel freático somero y arenas finas limosas pueden disparar el potencial de licuefacción, incluso con aceleraciones sísmicas moderadas.
